“EL POETA TUMBADO”, DE MARC CHAGALL.
UN ESTUDIO DE LA OBRA
Textos: Lola Soto Vicario
"Hacía calor. Todo parecía verde. Estoy tumbado entre estos dos mundos y miro por la ventana. El cielo ya no es azul y por la noche susurra como una concha
y brilla con más intensidad que el sol”
Marc Chagall (1)
Título original de la obra: “Le Poète allongé” (El poeta tumbado, El poeta descansando)
Autor: Marc Chagall (Liozna, Vítebsk, Imperio ruso, 1887 - Saint-Paul de Vence, Francia, 1985)
Técnica: Óleo sobre cartón
Dimensiones: 772 × 775 mm.
Fecha de realización: 1915
Ubicación: Tate Gallery, Londres. Adquirido en 1942
Temática de la obra:
“Al fin solos en el campo. Bosque, abetos, soledad. La luna detrás del bosque. El cerdo en el establo, el caballo detrás de la ventana, en los campos. El cielo lila" (2)
Marc Chagall evoca en este sencillo paisaje el tiempo que pasó con su esposa Bella en la campiña rusa tras salir de París, casarse en el verano de 1915 y estallar la Primera Guerra Mundial. En 1914, sin ser consciente de los peligros, había partido para reunirse con Vitebsk y especialmente con su prometida Bella, a quien no veía desde hacía cuatro años. Al parecer, en este cuadro el pintor se imagina y retrata a sí mismo como el Poeta que aspira a vivir en un entorno idílico de naturaleza y bosque en el que transcurrió su luna de miel. Su figura aparece tumbada en primer plano, ocupando todo el borde inferior del formato, mientras que en segundo término se ha dispuesto una isba, una construcción rural rusa de madera, junto a varios animales de granja y un bosque de abetos que cierra la composición por el fondo. La figura hierática del poeta tumbado se muestra con las manos unidas como las de las figuras yacentes en las tumbas antiguas, y su cabeza descansa sobre su chaqueta en la hierba, junto a su sombrero. “El Poeta tumbado” de 1915 parece aludir directamente al ideal de la vida pacífica y apartada de todo en el campo ruso; un entorno de naturaleza bucólica con los animales pastando apaciblemente: su tierra natal y el pueblo judío ruso constituyeron, como sabemos, una temática recurrente a lo largo de su larga carrera artística.
En esta obra, el Poeta, tumbado en primer plano, se muestra a sí mismo inmerso en un mundo de sueños, enamorado y como ausente: el tema del Amor estará presente en muchas de sus obras de estos años. Sin embargo, Chagall reconstruye siempre su mundo íntimo como mejor le parece, poéticamente, con unas soluciones pictóricas muy personales a partir de vivencias y recuerdos afectivos, como veremos después. En París, desde los días de su llegada, había soñado con su Rusia natal. A lo largo de ese tiempo tan sólo había podido visualizar el reducido mundo de su juventud a partir de recuerdos cada vez más pálidos. Como hombre romántico que era, ahora que se encontraba de nuevo en su país, sintió una necesidad imperiosa de plasmarlo de inmediato sobre un soporte pictórico. La gran ternura y la maravillosa delicadeza que emana la obra provienen de la manera en la que Chagall representó este lugar natural y apartado, con unos recursos pictóricos coherentes con su sentir, que analizaremos a continuación.
Primeramente, abordaremos la composición. Observamos que el pintor ha dispuesto de manera clarificadora las masas compositivas, muy expresivamente y distribuyéndolas visualmente con especial orden: la figura aparece representada e inscrita en forma de franja de marcada horizontalidad, y cierra el formato por su base inferior, mientras que en el fondo se ha ubicado una banda igualmente horizontal donde se introducen los elementos del cuadro, la arquitectura y la vegetación, inscritos en un suave arco, con dos elementos muy prominentes y de formas regulares reflejados en dos grandes abetos. El pintor-poeta se presenta así mismo recostado, inmerso en el mundo de sus sueños, como en el límite del cuadro y la realidad. Todo ello genera en el espectador una impresión de estatismo, de reposo, de estabilidad, enfatizados por la acertada elección de un formato cuadrado. Así, los elementos principales, figuras y arquitectura, se asientan y enmarcan dentro de estos ritmos lineales tendentes a la horizontalidad, lo que favorece la idea de un espacio de connotaciones de equilibrio y permanencia, construido con masas geométricamente sólidas que acentúan el plano de la superficie del cuadro y expresan vivamente la vida apacible, tranquila y sin apenas acontecimientos que el pintor desea narrar.
Masas y líneas compositivas que sugieren estatismo y reposo
En cuanto a la manera de resolver el espacio, percibimos a primera vista una ausencia total de construcción apoyada en sistemas de perspectiva clásicos; por el contrario, la concepción espacial de este paisaje es básicamente plana, y en ella dominan las manchas bidimensionales de color, generadoras de un cierto dinamismo que proviene de la interacción cromática los planos, una manera muy eficaz de activar visualmente la escena. No se ha pretendido lograr profundidad verosímil, ni construir un espacio penetrable. Hay autores que afirman que en las obras de Chagall es fácil reconocer cómo los personajes se mueven en un concepto de espacio y tiempo muy parecido al de la pintura medieval, libres de los convencionalismos de la perspectiva tradicional (3), y en favor de una perspectiva de valores construida de manera primitiva y muy intuitiva. Es bien sabido que el icono ruso fue una fuente de inspiración para Chagall por su poesía visual, su simplificación compositiva y su expresividad cromática, así como su particular concepción del espacio resuelto mediante manchas básicamente planas y superpuestas.
Composición en bandas horizontales en el “Juicio Final”, Icono de Novgorod. 1475.
Temple sobre tabla. Tretyakov Gallery, Moscú
Por otra parte, parece ser que los lubkí (lubók en singular) fueron otra fuente de inspiración para Chagall, según el investigador Jean-Max Robin (4). Se trata de estampas populares rusas en las que se combinaba la imagen con el texto escrito con la finalidad de narrar historias de una manera sencilla y con un dibujo visualmente contundente y muy simplificado: la narración es un elemento clave en la obra de Chagall, y sus imágenes serán creadas de manera que la historia que en ellas se relata resulte plásticamente y poéticamente atractiva, con el espacio tratado de manera también plana y ingenuista, y muy influido por el arte popular ruso.
El primitivismo del Lubók ruso. ‘Savoska y Paramoshka’, del siglo XVIII. Grabado en madera
Por lo que respecta a la forma, encontramos en esta obra, y en otras muchas, un buen número de soluciones formales relacionadas con las tendencias vanguardistas que Chagall conoció durante su estancia en París, como es el cubismo. Vemos en este caso que la figura yacente del poeta está resuelta con un entramado geométrico de planos muy simplificados, con ángulos marcados y presentada bajo una combinación de vistas frontal y en escorzo, una visión de la realidad en la que la forma adopta ángulos insospechados que le otorgan una cualidad casi mágica, muy característica del universo iconográfico de Chagall. Es muy notorio el interés de este pintor por el énfasis cubista y la deconstrucción formal a base de planos muy sintetizados, y estará muy por encima de pretender alcanzar una ilusión verosímil del espacio.
Detalle de la construcción formal de figura del Poeta, de proporciones muy estilizadas, en la que se aprecian citas al cubismo de la época en la representación de los planos que esquematizan las piernas, el rostro, la angulosidad y hieratismo de brazos y manos, y la combinación de vistas frontal-escorzada de objetos como la “chaqueta”
sobre la que se apoya la cabeza de la figura y apenas es reconocible como tal
Por otro lado, la vegetación de este paisaje se ha construido de manera que las arboledas resulten formas visualmente muy poderosas, recortadas, con un dibujo de contorno muy acusado, como siluetas de colores planos maclados entre sí, con un primitivismo e ingenuismo evidentes que también pueden haberse inspirado en los iconos medievales. Las formas, en general, resultan hieráticas, congeladas, frías, por la dicción pictórica cerrada y sintética; todo aparece representado como con una visión infantil, directa y muy espontánea. Es la expresión más pura de la alegría de vivir del Poeta en el campo sonriente, de estar al aire libre y embriagado de amor.
Detalle de la construcción formal de la vegetación, con repetición de ritmos
y líneas básicas que delimitan y contienen las formas de carácter no naturalista
Las formas naturales y las figuras se disponen en la superficie del cuadro sin buscar una lógica narrativa; lo esencial es la sensación visual que se logra con la composición globalizadora y la construcción del espacio mediante el simple traslapo y la superposición de formas, sin perspectiva aérea ni profundidad de campo definida. Son todas ellas soluciones que consiguen transmitir la impresión de que Chagall conserva siempre en su expresión la inocencia de la mirada de un niño y evocan la imagen perfecta de la felicidad, sin pararse a describir detalles superfluos que puedan recargar la imagen: Chagall es en este cuadro el pintor de lo esencial.
En cuanto a la dicción pictórica, es decir, la manera en la que se ha aplicado el óleo sobre el soporte de cartón, destaca de nuevo la simplicidad, con un dibujo de contornos muy esquematizados, construyendo las manchas a base de planos de color, con transparencias que permiten entreverse las capas inferiores coloreadas en anaranjado aplicadas previamente. Hay formas que aparecen delimitadas por un acusado contorno oscuro, como vemos en la arquitectura de fondo o en el perfilado dibujo de las figuras de animales y que recuerdan la frescura y espontaneidad de los dibujos infantiles. En sus obras, gracias a esta representación tan sintetizada de las formas con un marcado dibujo, se enfatizan las siluetas con una línea descriptiva que resume lo esencial. Marc Chagall supo crear un mundo personal a caballo entre la realidad y la más libre imaginación, sin ninguna pretensión de naturalismo, sino con la idea de evocar lo poético sin cumplir las normas establecidas. Como él mismo afirma, “el Arte debe hacer palpitar el corazón y despertar la imaginación.”
Detalle del tratamiento de la superficie de los planos pictóricos
Con relación a la cuestión cromática, diremos que en esta obra Chagall emplea el color para sugerir idea de vivacidad, alegría y pureza, con unas gamas de verdes azulados, grises, rosados y azules que evocan una impresión de frescura, inocencia y fragilidad, muy en consonancia con el lugar representado. Son tonalidades obtenidas con escasas mezclas, sin demasiados matices y entonadas en su conjunto sin saturación, y sirven para crear una ambientación recogida y que represente un momento crepuscular, probablemente la hora rosada del día en la que se extingue la luz y se encienden los sueños y la creatividad para los poetas.
La sensación de irrealidad también viene sugerida por esta elección de gamas no naturalistas, y los potentes negros, por su parte, otorgan a las arboledas la majestuosidad imponente que evoca una nocturnidad cerrada que llega del bosque. Las transparencias que improvisa al no cubrir del todo la superficie de los planos producen vibraciones de cada color que interacciona con el ocre de la base; verdes esmeralda-grises-rosados que dejan entrever estas huellas de ocre y transmiten impresión de inacabamiento, de ejecución fresca y rápida.
Asimismo, la mancha blanca de la silueta del cerdo es el tono más claro de la composición, y su peso visual atrae el ojo poderosamente y genera un orden en la percepción del conjunto. Sin duda, en las obras de Chagall el color tiene un valor exclusivamente expresivo y como agente plástico que crea relaciones a lo largo del espacio del cuadro y que activa definitivamente la composición. Al mismo tiempo tiene su propia “materialidad”, su corporeidad, sus cualidades texturales que en esta obra son portadoras de una calidez visual muy atractiva a través del sutil tono ocre-anaranjado con el que seguramente ha preparado previamente el soporte de cartón. Por su parte, el grafismo con el óleo más o menos diluido o el signo gráfico con línea también adquieren su relevancia al ser recursos con los que ha tratado y sugerido algunas superficies para diferenciarlas de otras, como vemos en el siguiente detalle:
Finalmente, hablaremos de la luz. Marc Chagall, el pintor-poeta observador del mundo, selecciona de él lo que su personalidad creadora considera más emotivo, lo afectivo de sus recuerdos y sueños. Puesto que la visión que aquí se nos ofrece proviene de su ser interior que filtra subjetivamente la realidad, el artista no se para a apresar simplemente el instante o lo efímero, sino que está más interesado en plasmar una huella de sus vivencias más queridas para hacerlas permanentes en el cuadro. Por lo tanto, la luz no es un aspecto por el que sienta una especial atención, y así no vemos en esta imagen ni sombras arrojadas ni volúmenes abiertamente construidos con claroscuro, sino que el plano, como ya hemos dicho antes, es el agente plástico con el que construye un espacio expresivo de connotaciones primitivas, y una composición muy clarificadora y con escasos elementos bien dispuestos: la representación de lo que para él es la esencia de su entorno más cercano en esos años.
Asimismo, sus pinturas, siempre narrativas, suelen estar llenas de personajes a los que la felicidad y la alegría de vivir les hace estar representadas como figuras ingrávidas y totalmente carentes de sombras. Aunque las figuras de esta obra aparezcan aparentemente asentadas en el plano de suelo, no existe ningún atisbo de sombra arrojada, y esto las hace igualmente leves y frágiles, como flotando en el espacio del cuadro. Si imaginamos la imagen en blanco y negro, observamos un predominio de valores de luz medios-bajos, sin contrastes acusados, que producen una ambientación general apacible, serena, introspectiva y recogida, sin ningún dramatismo, que refleja y sintetiza la media luz del momento que el artista ha captado en el exterior de la casa de campo en medio de la naturaleza rusa.
Marc Chagall, pintor errante, pintor solitario, pintor-poeta de creatividad sin límites, con ojos de niño eterno y sensible, se expresó con colores y formas muy sencillas. Nos muestra en esta escena de 1915 una vida ideal, afable y placentera, ajena a la guerra, los días transcurridos con Bella en la campiña alejados de todo. La mirada soñadora de la figura del Poeta yacente, su aspecto delicado, su posición insólita e inesperada en el borde del cuadro, en el límite entre el mundo de fantasía y la realidad fuera de ella, el decorativismo de las formas, el espacio imaginario y las soluciones pictóricas simplificadas derivadas del cubismo junto a otras más espontáneas nos hablan de su sensible personalidad creadora, de su universo interior pleno de nostalgia, de afectos y remembranzas a partir de su experiencia vital y de su conexión con las corrientes artísticas de su tiempo.
“De alguna manera intento llenar mis lienzos con objetos y figuras que son tratados como formas […], como formas que suenan igual que tonos musicales […], formas pasionales, cuya función es abrir una nueva dimensión no alcanzada por los cubistas con su geometría ni por los impresionistas con sus manchas.” 5)
Marc Chagall
NOTAS
1) Véase CHAGALL, M.: “Mi vida”. Ed. El Acantilado 103. Barcelona, 2004. Pág. 185.
2) Véase CHAGALL, M.: “Mi vida”. Ed. El Acantilado 103. Barcelona, 2004. Pág. 150.
3) Véase ROBIN, J.M.: “Chagall, le prince du rêve”, Acadèmie des Sciences et Lettres de Montpellier. Conferencia pronunciada en mayo de 2016.
4) Véase ROBIN, J.M.: “Chagall, le prince du rêve”, Acadèmie des Sciences et Lettres de Montpellier. Conferencia pronunciada en mayo de 2016.
5) Catálogo “Marc Chagall”. Fundación Colección Thyssen-Bornemisza. Fundación Caja Madrid. Madrid, 2012. Pág. 14.
BIBLIOGRAFÍA
Catálogo “Marc Chagall”. Fundación Colección Thyssen-Bornemisza. Fundación Caja Madrid. Madrid, 2012.
Catálogo “Marc Chagall”, by James Johnson Sweeny. 1946. Published by The Museum of Modern Art in collaboration with The Art Institute of Chicago. New York, 2017.
“Chagall, le prince du rêve”, Conférence par Jean-Max Robin. Acadèmie des Sciences et Lettres de Montpellier. Conferencia pronunciada en Mayo de 2016.
CHAGALL, M.: “Mi vida”. Ed. El Acantilado 103. Barcelona, 2004.
WEBSITES CONSULTADAS
https://www.museedegrenoble.fr/
https://www.tretyakovgallery.ru/
https://www.rbth.com/arts/332642-russian-memes-lubok
Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de las websites de los museos referenciados anteriormente.
Las conclusiones de este estudio están basadas en la observación directa de la obra de Marc Chagall por parte de la autora.
Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).
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